Creo que este recuerdo de infancia puede ser común a muchos españoles: el olor y el sabor del cocido del domingo, cuando tu madre tenía tiempo para cocinar y ponía en el fuego la olla grande para toda la familia.
El cocido es el plato que predomina en la gastronomía de toda la península, en multitud de variedades. El de mi tierra, El Bierzo, lleva siempre garbanzos, repollo y patatas, chorizo, panceta, carne fresca y el embutido estrella: el botillo. Se trata de una tripa rellena de costilla, rabo, a veces lengua de cerdo, adobado con sal, ajo y pimentón. Después de un ahumado concienzudo se deja secar durante un mes, más o menos. Para poder comerlo hay que cocerlo durante unas dos horas a fuego lento. Los otros ingredientes, empezando por los garbanzos, se van añadiendo en el agua de cocción según el tiempo que necesiten para estar blandos, pero no deshechos. Es un plato simple en el que todo el secreto consiste en llevar bien el ritmo.
La casa se llenaba de su olor. El sol invernal, muy bajo, entraba por todas las ventanas. Y de postre, había peras cocidas con vino y canela.
¿Y vosotros? ¿Tenéis un recuerdo de infancia relacionado con la comida? Podéis crear una entrada como esta para contar los sabores de vuestra infancia. ¡Recordad que todos podremos leerlos!
